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En retrospectiva, es probablemente difícil de apreciar lo rápidamente que se agriaron los sesenta después de 1967. Aunque el saber popular de la calle a partir de ese período tendió a culpar a una infusión de heroína, meta-anfetamina y LSD impuro todo supuestamente procedente del crimen organizado, difícilmente se puede sostener que la Mafia fuera la responsable de lo que 1968 significó en forma de un amplio cataclismo social y de violencia absoluta. Por citar sólo dos detalles reveladores: mientras los índices de crímenes castigados con más de un año de cárcel comenzaron su escalada de tres décadas hasta niveles sin precedentes en la historia, ciento veinticinco ciudades americanas estallaban con disturbios y más de cuatro mil bombardeos motivados políticamente. Luego, además, hay que considerar esto: aunque la experimentación psiquiátrica apoyada por los militares no logró aislar los medios para moldear al asesino perfecto, el derrame alucinógeno en las calles de San Francisco tuvo una relación muy directa con la formación de Charles Manson.
Se dice que cuando a Ronald se le informó del índice del consumo de drogas en Estados Unidos alrededor de 1968, exclamó: Dios mío, el tiempo se nos ha echado encima. Luego pasó a describir su posición ventajosa como algo remota. Después de siete años en el sur de Inglaterra, 1968 lo encontró por el Mediterráneo y sus inmediaciones a bordo de su afamado buque de investigación, Apollo, donde incluso los puertos de escala más cosmopolitas de España y Portugal no sentirían la marejada psicodélica por algunos años más. Además, su tripulación, extraída del mundo de Cienciología, estaba completamente libre de drogas; y por lo tanto, no fue hasta que el crecimiento continuo de la Iglesia de Scientology trajo necesidades equiparables de nuevos reclutas, que vislumbró esa notoriamente extraña Generación del 68.
Como observación preliminar, describió al que hubiera sido consumidor, como ilusorio, sin atención y propenso a períodos en blanco": todo ello incidentalmente explicado en el léxico psicodélico como desconectado de la realidad o colgado e ido. Adicionalmente observó una marcada debilidad, tanto en la compresión escrita como en la verbal, y habilidades de comunicación muy deficientes. Después describió también al consumidor como que vivía en una realidad compuesta en la que no hay distinción entre el pasado y el presente, y que por otro lado exhibe un comportamiento verdaderamente paralelo a la demencia. Finalmente, y aquí mismo está el punto principal de la preocupación de L. Ronald Hubbard, la persona que antes había consumido drogas, demostró ser absolutamente incapaz de avanzar en Cienciología.
El problema demostraría ser insidioso, considerable y complejo. Pero por el momento centrémonos en lo que Ronald describió como la barrera bioquímica al avance mental y espiritual, y específicamente en relación al LSD. Una vez más es apropiado un comentario sobre la ironía. Después de todo, aquí estaba el billete original de la psiquiatría hacia los estados alterados y el estado de conciencia incrementado: la llave para aquellas legendarias puertas de la percepción a sólo cinco dólares el viaje. La engañifa, no obstante, fueron verdaderas heridas en el alma que demostraron ser casi permanentes.
Como explicación, en adición a la acción más inmediata del LSD que de hecho no implica más que la constricción de los vasos sanguíneos que van a la corteza cerebral estaba la curiosa tendencia de la droga a reactivarse ocasionalmente. Flashback es el término usado en la calle, y puede incluir experiencias alucinatorias completas años después de haber tomado la droga. En los papeles de Ronald de aquella época también había anotaciones sobre el peculiar sentido de disociación, común en los consumidores de LSD: muerto en la cabeza para citar una vez más el léxico, y con ojos que parecían discos en blanco como el mismo Ronald con tanta precisión lo expresara. Luego siguieron ciertas preguntas verdaderamente pertinentes sobre la acción de la droga en el sistema nervioso central, mientras examinaba simultáneamente lo que el ácido engendró en cuanto al uso farmacéutico de los setenta. Finalmente lo encontramos siguiendo el rastro de las mayores consecuencias sociológicas de tal uso, impulsadas por esos diez mil millones de dólares en promoción farmacéutica, hasta que al fin nos topamos con esta escalofriante descripción de los consumidores de psicotrópicos: Están deshumanizados y pueden ser perversa o irracionalmente
crueles.
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Después de siete años en el sur de Inglaterra, el año de 1968 encontró a Ronald a bordo de su buque de investigaciones Apollo (arriba), en el Mediterráneo. Fue aquí donde escribió acerca de que el consumidor de drogas vive en una realidad compuesta.
Política De Drogas A Finales Del Siglo XX, Continúa...
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